La tijera puede tener varios usos. Fue signo de censura en la época de los militares pero es figura de acomodo en esta época teatral. Y a los hechos me remito metiéndome en el Teatro del Lago donde el monologo del director se tuvo que bajar de 27 minutos a 14. Y dicen que todavía esta largo, innecesario, sin sentido y con poca participación del público. Por algo es la parte más criticada del espectáculo y para muchos, ni la propia tijera podrá arreglar.
Con las comedias paso igual o peor. El artista no sabe en que momento el público se va a reír, suponen una u otra parte pero siempre se sorprenden con una salida fuera del libreto. Dissi, Ranni y Bertrand están metiendo manos a las comedias que dirigen, para lograr que las risas sea el común denominador. Saben que sus cortes deben ser como el de un cirujano, milimétrico y preciso.
En los musicales sucede igual pero en estos casos se cambian las canciones o se interpretan menos de lo programado. Hasta en algunos casos se reduce tanto que nadie sabe para que fue convocado el cantante.
Estas situaciones suenan extrañas pero son comunes en los productores que llegan a la temporada con mucho o poco ensayo. Todos saben que el resultado final se nota en las primeras funciones. Por eso muchachos, señor director, no se amarguen. Falta mucho para rodar y pese a malos comienzos, todavía pueden cambiar.
Pero existe una tijera a la cual todos le temen y no hay recorte que ayude: La presupuestaria. Esta tijera esta todavía en observación. Todavía no se sabe si será un turista pudiente o no. No se sabe si habrá mas gente esperando afuera de los teatros o sentados en la butaca. Si llega el público que gasta, tendremos varias obras salvando la temporada pero si sucede lo contrario, no habrá tijera que los salve.